La Historia de Pando Bolivia

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ENGLISH Este es un resumen detallado de la historia de Pando. Puedes aprender más acerca de Pando Bolivia buscando información sobre puntos específicos en línea.

Pando Bolivia

El más nuevo departamento boliviano esta ubicado al extremo nororiental del país, enclaustrado entre dos departamentos por el sur, por Perú al oeste y Brasil al norte y noreste. Es totalmente selvático, muy poco poblado, pues la totalidad de sus habitantes entraría tranquilamente en cualquier barrio de una ciudad mediana, y también es el tercero más pequeño de todos.

Su historia precolombina es prácticamente desconocida, más allá del nombre de sus habitantes indígenas originales. Por sus características, no prosperó en la región ninguna civilización de envergadura, solamente asentamientos humanos en chozas de madera y fibras construidos a la vera de los ríos navegables, y en los claros (terrenos despejados) de los impenetrables bosques de lluvia. Estas tribus no conocían los instrumentos de labranza, ni la alfarería, mucho peor la construcción en piedra labrada, que caracterizan a otros pueblos americanos. La sencillez de su estilo de vida, como cazadores y recolectores, no ha dejado constancia alguna de sus orígenes, y para añadir dificultades a los esfuerzos de los antropólogos y arqueólogos por datar su aparición, las herramientas y construcciones son, como ya se ha dicho, de materiales naturales, que son biodegradables y desaparecen, por lo que no queda ni una mísera pluma de un tocado, ni un cuenco de barro, que se pueda datar mediante Carbono 14, para poder decir “Esta cultura empezó en el…”.

Por ello, no se sabe nada de los aborígenes de la zona, aparte de lo que cuentan sus leyendas particulares, y el hecho de que persisten un puñado de esas tribus, algunas de ellas a un paso de extinguirse. Estas son: los Pacahuaras, Ese Ejja, Yaminahuas, Tacanas, Caripunas, Cavineños, Machineris y Toromonas, por nombrar sólo a los que siguen existiendo.

Cuando llegaron los españoles en el siglo XVI, se cuidaron de no pisar las selvas amazónicas, pese al aliciente de la legendaria El Dorado, la ciudad toda de oro y piedras preciosas que estaría enterrada en las profundidades de la Amazonia. Solo hay que imaginar el infernal viaje por la jungla, abriéndose paso a machetazos, para que tan pronto pases la selva se cierre de nuevo a tus espaldas, el acecho de miles de fieras carnívoras, minúsculos animales tóxicos, serpientes grandullonas que podían tragarse un hombre entero. No saber si la flor que acabas de tocar es venenosa, si el suelo que pisas no es un pantano disimulado donde un paso en falso te hunde sin remedio; vagar sin brújula no viendo la luz del sol pasar por las tupidas copas de los arboles, obligado a comer frutos silvestres y agua sospechosa que, si no te envenenaban, te despachaban de disentería. Por no mencionar el insoportable calor de sauna, que te hacia derretirte bajo los treinta kilos de tu armadura de hierro, y el casco metálico que te cocinaba el cerebro… Ciertamente, ningún conquistador se animó a emular al capitán Francisco de Orellana, el descubridor del Amazonas, para no acabar con sus huesos tragados por la selva, como él; y es así como, aparte de unas cuantas poblaciones en el vecino Moxos, fundadas por los valientes jesuitas una centuria después de la Conquista, no hubo expediciones a la Amazonia en los primeros dos siglos de la Colonia.

Ya a fines del siglo XVIII, los portugueses que se habían colonizado Brasil y codiciaban las ricas colonias españolas, enviaban hacia las fronteras de la gobernación de Moxos y Chiquitos, perteneciente a la Audiencia de Charcas, a grupos de exploradores (bandeirantes) que, al estilo corsario, atacaban poblados indios, secuestraban a la población para esclavizarla, y luego se asentaban en territorio español, reclamándolo como suyo. A veces, esto incluía asaltar reservaciones indígenas que mantenían los jesuitas, o guarniciones fronterizas de españoles. Para frenar estas incursiones, la Corona de España buscó delimitar con claridad la frontera con el Brasil, para lo cual firmó tres tratados con Portugal, el primero en 1750 (Tratado de Madrid), el segundo en 1777 (Tratados de San Ildefonso, con la subsiguiente expulsión de los jesuitas), y el tercero en 1801 (Tratado de Badajoz). Los tres definían que el Territorio de Colonias del Acre, nombre españolizado de Aquiry (un rio del lugar), pertenecían a la Audiencia de Charcas en su totalidad, y que Brasil debía respetar las fronteras, que se establecían a lo largo del rio Yavari hasta la desembocadura del rio Madera. Esta claridad de límites se evaporó en 1776, con la transferencia de la Audiencia al Virreinato del Rio de la Plata, que entró en desacuerdo con el Virreinato del Perú por esta razón. Lio que heredaron las repúblicas independientes de Perú y Bolivia, como se verá.

Mientras en el resto de de la colonia peleaban las Guerras de la Independencia un conglomerado de guerrillas y ejércitos regulares, mandados por una mescolanza de rioplatenses, altoperuanos, españoles, criollos, mestizos, franceses e indígenas, en el Acre no pasaba nada. Al crearse la República en 1825, seguía sin pasar nada. Pero, tras la desgraciada Confederación Perú-Boliviana, que tan mal acabó, ambos países empezaron a disputarse la soberanía sobre los 355.242 Km2 de pura selva que era este Territorio, situación que Brasil vio propicia para pescar en río revuelto, permitiendo desde 1839 que sus ciudadanos violaran las fronteras y corriendo la delimitación acordada en sus mapas, de manera que engulló un gran trozo de tierras bolivianas, y un poquito de la parte peruana. Cuando peruanos y nacionales acordaron que la región era de Bolivia, el mal ya estaba hecho: Brasil se había apropiado del Acre.

Luego, en 1867, el delirante presidente de facto Mariano Melgarejo, quien, entre otras insensateces, entregó territorio a los chilenos a cambio de halagos a su vanidad e hizo fusilar a su camisa en un arranque de paranoia, volvió a demostrar su inestabilidad mental al regalarle oficialmente a Brasil, papeles mediante, los territorios de los que se había adueñado, legalizando así la usurpación. Pero no todo el Acre estaba perdido, ya que Bolivia aun poseía algo mas de doscientos cincuenta y tres mil kilómetros del Territorio, subdivididos en tres zonas mal delimitadas. También estos lugares empezaron a poblarse de brasileños a partir de 1877, quienes explotaban impunemente los bosques de siringa (árbol de hevea, o árbol de la goma, descubierto por el beniano Antonio Vaca Diez en 1876), y los yacimientos de pepitas de oro en las cuencas fluviales. No había casi nada de población de origen boliviano, por lo que estos pobladores respondían solamente al gobierno de Brasilia, convirtiéndose así en una colonia extranjera en tierras acreanas.

Para tratar de resolver esta cuestión, se conformó una Comisión Internacional de Demarcación de Limites en 1898, que se parcializó por Brasil, quitándole aun más territorio a Bolivia. El país no pudo apelar a otras instancias, porque estalló la Guerra Federal, dejando al país en caos, y al ejército tan maltrecho, que no podía ejercer sus derechos a la fuerza en la región usurpada. Acabada la guerra civil, se envió a un grupo de pioneros que fundaron Puerto Alonso (hoy Porto Acre, en Brasil) en 1899, dotándole de una guarnición policial y una aduana. Esta aduana impuso un impuesto a las exportaciones de caucho, toda en manos brasileñas, que seria el detonante de la Guerra del Acre.

Esta empezó cuando el gobernador del Estado del Amazonas, al que pertenecía el Acre brasileño, se molestó por el impuesto al caucho, y, con la excusa de unos imaginarios atropellos por parte de las autoridades bolivianas de Puerto Alonso, alentó un movimiento secesionista liderado por un español, al que él mismo controlaba. Este, Luis Gálvez Rodríguez de Arias, atacó Puerto Alonso, expulsando a sus autoridades y autoproclamándose Presidente de la nación del Acre. Bolivia respondió enviando tres expediciones de defensa desde La Paz y Cochabamba, las Columnas Muñoz, Pérez Velasco y Montes, comandadas por tres rivales políticos, que tuvieron que unirse para defender el Acre. Las batallas mas importantes de esta primera campaña fueron las de Riosinho, Capueiro y Bague, que ganó Bolivia. Derrotados los separatistas, se calmó la región, y al tal Gálvez lo apresaron los mismos brasileños por su fracaso.

Unos años después, gobernando el general José Manuel Pando, se optó por que la mejor opción para mantener presencia nacional en el Acre no era enviar tropas y colonizarlo, como sería lo sensato, si no crear una transnacional boliviano-estadounidense de explotación gomera, a la que llamaron por el ambiguo nombre de The Bolivian Syndicate, y de paso aumentar los impuestos al caucho. Brasil protestó, y viendo que no se le hacia caso, volvió a alentar otro levantamiento secesionista, esta vez de siringueros (recolectores de la savia del árbol de la goma) liderado por el brasileño José Plácido de Castro, quien declaró el Estado Independiente del Acre en 1902, en momentos en que Bolivia estaba festejando su fiesta nacional del 6 de agosto. Estos atacaron Puerto Alonso y la Barraca de Bahía (hoy Cobija), un sitio de siringueros bolivianos. Ante la inexistente ayuda del gobierno, el beniano Nicolás Suárez, magnate del caucho, pagó de su bolsillo para formar y apertrechar las guerrillas bolivianas de defensa, que se denominaron Columna Porvenir; tenían por comandante a un militar de carrera, Federico Román, y vencerían en las batallas de Bahía y Costa Rica. No le fue tan bien al ejército regular boliviano, comandado por Rosendo Rojas, que perdió en Vuelta de la Empresa, y después en Puerto Alonso.

Al oír de estas derrotas, el general Pando en persona decidió ir al Acre, llevando consigo al ejército de refuerzo. Esto alarmó al Brasil, que decidió enviar a su ejército para apoyar a los rebeldes. Tras una penosa marcha de meses desde la Paz hacia Riberalta (Beni), Pando enlazó con los guerrilleros de la Columna Porvenir, con quienes entró a la batalla de Puerto Rico, contra el general brasileño Olimpio de Silveira y los siringueros sublevados. Vencieron los bolivianos, pero el país no se hallaba con ganas de sostener otra guerra, de modo que en debate congresal se votó por un armisticio y una solución diplomática. Así, el 21 de marzo de 1903 se firmó el tratado provisional del Modus Vivendi, o sea, se reconoció el statu quo preexistente al conflicto, dejando a los siringueros la explotación gomera y aurífera a su modo, y retirando las divisiones bolivianas. El 17 de noviembre de 1904, Brasil y Bolivia firmaban el Tratado de Petrópolis, con lo cual el país cedía los últimos ciento noventa y uno mil kilómetros del Acre, quedándole apenas un diez por ciento de la superficie original.

Entre las compensaciones que recibía Bolivia por esta pérdida, estaba un trocito de terreno en el rio Paraguay (en el Chaco), tres aduanas fronterizas en ciudades brasileñas, y la construcción del ferrocarril Madeira-Mamoré, desde la brasileña Porto Velho hasta la beniana Riberalta, que permitiría la exportación de caucho. Además, Brasil debía pagar dos millones de libras esterlinas de compensación. Vaya uno a saber qué hizo el gobierno paceño con semejante dineral, que en nuestros días equivaldría a un poco menos de 300 millones de dólares, porque esta región no vio ni una moneda. El ambicioso Brasil no se contentó con las nuevas adquisiciones, sino que también peleó con Perú desde 1902 hasta 1904, para hacerse con su parte del Acre, pero esa es otra historia.

Seria el carismático teniente coronel Germán Busch, héroe cruceño de la Guerra del Chaco, y el presidente más joven de la historia junto al Mariscal Sucre, el que le daría forma al Departamento de Pando. En 1938, durante la Convención Nacional del legislativo, Busch promulgó la ley del 24 de septiembre, ordenando la creación del Departamento, separado de Beni. El nombre se lo puso en honor al general Pando, y a la Barraca de Bahía la elevó a capital, renombrándola Cobija, en recuerdo al puerto de Cobija, perdido en la Guerra del Pacifico con Chile. El departamento se dividiría en cuatro provincias: Abuná, Madre de Dios, Tahuamanu y Manuripi, por los ríos principales. Con la ley de descentralización de medio siglo después se añadiría una quinta, Federico Román, y se cambiaria el nombre de otra por el de Nicolás Suárez, ambos cambios en homenaje a los héroes del Acre. El departamento nació con 63.827 kilómetros cuadrados, apenas una fracción de su extensión original.

Despues de su creación, Pando dejó de ser el centro de la explotación gomera junto a Beni, como había sido hasta 1920. El caucho natural era muy requerido en la industria automotriz y en otras, se vendía a precios elevados, lo que lo convirtió en la segunda mayor exportación boliviana después del estaño, y enriqueció a hombres como el ya mencionado Nicolás Suárez. Entonces vino la Segunda Guerra Mundial, y los precios del caucho se fueron al piso, porque como era tan complicado obtener caucho desde Brasil y Bolivia, transportándolo por el Atlántico infestado de submarinos alemanes que gustaban de hundir barcos, los norteamericanos lograron producir el caucho sintético a partir de derivados del petróleo, que es tan popular hoy, mandando la prosperidad de la Amazonia por la borda. La población de la región declinó, y el departamento empobreció, lo que se nota en estos días.

Actualmente, este mal comunicado departamento recibe ingresos casi exclusivamente de la explotación forestal, extracción de oro y otros minerales de ríos, y de la siringa y la castaña (almendra amazónica o nuez del Brasil). Las demás actividades económicas, como agricultura y ganadería, son de sustento solamente. Por otra parte, al no hallarse dentro de las rutas habituales del turismo, a no ser ecoturismo, no recibe ingresos por esto, ni tiene infraestructura para ello, pues sigue siendo una selva tendida sobre una telaraña de ríos, con pocos caminos y continuas inundaciones. Por ello, es prácticamente ignorado en el quehacer nacional, saltando a los titulares sólo a causa de hechos realmente trascendentes, así sean lamentables, como los enfrentamientos armados del 11 de Septiembre de 2008 en Porvenir, por una cuestión de tierras, política e intolerancia, o positivos como los procesos de reformas a la estructura administrativa y política que se han implementado en el país en los últimos años.

Corresponsal Alura Gonzales
Foto – derechos de autor http://en.wikipedia.org/wiki/File:Bolivia_north.jpg

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