La casa que se volvio caparazon
Susana Masai cuenta que antes todos los animales tenían el don del habla, y entre ellos el más timido era la tortuga. Un día que la lluvia llegó al pueblo, los animales se trasladaron a otro lugar para no ahogarse, menos la tortuga, que no quiso abandonar su blanda casa. No quería dejarla nunca. Ante esto, Jesús el divino hizo un milagro y la ayudó a cargar su vivienda en la espalda y llevarla en medio del agua. El viaje de la tortuga a la población donde estaban sus compañeros tardó días y semanas, y con el pasar del tiempo su casa se volvió dura y se transformó en caparazón. Por eso está acostumbrada a llevar un peso grande.
Extraído del documento "Guarayos: Historia y Mitos" por Miguel E. Gómez Balboa